Crónicas de la Serpiente Emplumada - Investigación e ilustraciones

La construcción de una historia tan abarcativa como la que encara esta saga significó muchísimo tiempo de investigación. Las versiones –a veces totalmente contradictorias- de los viajes de Colón y el "descubrimiento" de la actual América debieron ser contrastadas con documentos originales para intentar buscar un camino intermedio que permitiera narrar el hecho histórico sin entrar en controversias. La recreación de la vida en aldeas y ciudades de la Mesoamérica prehispánica conllevó tanto esfuerzo como el que supuso revivir ciudades medievales de la península ibérica. Lenguas, dialectos y costumbres fueron recuperadas a partir de las versiones y visiones de los cronistas hispanos, las investigaciones de la actual arqueología y antropología y las características de los pueblos indígenas contemporáneos, descendientes de antiguas civilizaciones como la Azteca y la Maya. Y debieron estudiarse, junto a las técnicas de navegación, las estructuras de barcos y armas y la utilización de estas últimas, la gastronomía, la indumentaria, las religiones, las profecías, las estructuras familiares, los medios de desplazamiento, la artesanía, la arquitectura, los juegos, los instrumentos musicales, los animales y plantas de cada región, los trazados geográficos y un largo etcétera que haría interminable esta lista.

Entre los retos más complicados estuvo la reconstrucción de la antigua ciudad de Tenochtitlan, de la cual apenas si hay planos confiables, y la de las ciudades ibéricas tal y como eran antes de 1492. Muchísimas de ellas –en especial Cádiz y Sevilla- sufrieron tremendas modificaciones a principios del siglo XVI, adaptándose a los viajes y el comercio que significaron el "descubrimiento" de América. En el hipotético caso de no haber existido ese continente en la realidad europea, las cosas hubieran sido sin duda muy distintas, y son esas diferencias las que el texto intenta plantear.

Tal vez la decisión más difícil a la hora de escribir las "Crónicas..." fue la inclusión en el texto de palabras, frases e incluso diálogos en idiomas indígenas. Acostumbrados a leer en nuestra lengua nativa, estamos poco habituados a bajar la mirada a una nota al pie para buscar una traducción, o a tropezarnos con oraciones o expresiones que no comprendemos. Sin embargo, consideré su presencia en la novela importante y necesaria. Defensor como soy de la diversidad lingüística y de los pueblos originarios, creí conveniente mostrar al lector a qué mundo se enfrentaron los primeros hispanos que llegaron a tierras americanas. Allí no siempre hubo traductores, ni mucho menos gramáticas y diccionarios, o los típicos subtitulados de las películas comerciales. Había palabras ininteligibles, además de costumbres, geografías y medio ambientes completamente desconocidos.

La investigación en el campo de las lenguas indígenas me condujo al estudio de las gramáticas náhuatl y maya yucateca. Estoy seguro de que un hablante nativo (o incluso un profesional especializado en el manejo de esos idiomas) encontrará en lo que he escrito algunas deficiencias. Pido disculpas anticipadas por ello, especialmente a las comunidades originarias que crearon y aún acunan y pronuncian esas palabras. Mi intención no ha sido otra que la de acercar al lector un atisbo de las grafías y sonidos de ambas lenguas.

Por otro lado, la redacción de diálogos en castellano antiguo también representó un verdadero desafío. Tuve que recurrir a autores hispanos de la época para recolectar frases, expresiones, giros, modismos y construcciones que confirieran cierta pátina antigua, la cual, aunque probablemente lejana de la realidad, ayuda a ambientar el texto y a darle el sabor necesario.

La mayor parte de la bibliografía utilizada para la redacción de las "Crónicas..." ha sido reseñada en los materiales complementarios (colocados en el sitio web de cada libro), en donde se amplían algunos temas que pueden ser del interés del lector. A veces un detalle nimio puede abrirnos las puertas a mundos asombrosos si mostramos interés y ponemos tesón en seguirle la pista y descubrirlo.

En cuanto a las ilustraciones, realizadas prácticamente en su totalidad por Sara Plaza Moreno, se elaboraron tomando como base las pictografías empleadas por mexicas y mayas en sus códices. Algunas de ellas fueron alteradas para fusionarlas con elementos europeos, tal y como aparecen en ejemplos de libros latinoamericanos tempranos.

En el caso de los mapas, se ha seguido la norma mexica de orientar el norte hacia la izquierda, dejando de lado la universalizada costumbre de colocarlo hacia arriba. Un hábito que, como queda referido, no es tan universal como parece.

Lejos de ser un trabajo histórico, arqueológico o lingüístico, la novela aprovecha lo más fielmente posible esos elementos para levantar una ficción. Una ficción que permita al lector sumergirse en un universo nuevo, recorrer sus caminos, oler sus aromas y percibir sus colores sin por ello verse abrumado con datos. Al fin y al cabo, de eso se trata la ficción en sí: de generar la ilusión de realidad, sin que sea menester replicarla.


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